lunes, 3 de octubre de 2011

Un día cualquiera

"Hoy va a ser un día distinto", es lo primero que pienso al aproximarme a clase. Solo me quedan dos pasos para entrar, y la puerta está abierta. Respiro hondo, pero me quedo parada en la puerta. Aunque me esfuerzo por pensar en que el día de hoy va a ser distinto, en el fondo se que va a ser igual que siempre.
Un día cualquiera...
Afloran en mi mente recuerdos de días pasados. Recuerdos de burlas, empujones, ideas del pasado que no quería volver a tener que pasar, al menos no hoy. Sacudo la cabeza y respiro hondo.
Al cabo de un rato, sin ninguna razón aparente, suelto la mochila, que cae al suelo con un ruido sordo y empiezo a correr. Una sensación de libertad recorre todo mi cuerpo.

No es hasta que me encuentro con él cuando me doy cuenta de que estoy llorando.
Me quedo parada en medio del pasillo, conteniendo las lágrimas, simplemente por el hecho de que no quiero que me vea llorar. Se acerca despacio, con esos movimientos casi precisos, ensayados, que me quitan la respiración.
-¿Que te pasa?- ¿Porque estás llorando? -me pregunta Erik, casi temeroso por lo que pueda contestarle.
-Por... por... -me derrumbo y las lágrimas salen a borbotones de mis ojos.
Me abraza con cuidado. No sé cuanto tiempo estuvimos así pero me quedé dormida.
Cuando despierto, veo los ojos de Erik, grises como un cielo nublado. Cierra los ojos -me susurra.
Ahora solo hay oscuridad. Miro hacia todos lados... pero nada. Oscuridad, oscuridad...
Siento unas manos que me recogen del suelo, aunque no sé exactamente de quien son, hasta que empieza a hablar. Lloro de nuevo. Me abrazo a él con cuidado pero al mismo tiempo con todas mis fuerzas, queriendo retenerlo conmigo pero sin obligarle a hacerlo. Permanecemos en silencio hasta que Erik habla.
-Zoey, Zoey... Me voy a tener que ir pronto -dice sereno, pero le conozco demasiado y sé que es demasiado orgulloso para llorar delante de mí. Yo, por el contrario, sollozo bajito.

Me levanta en vilo y me lleva hasta clase. Entro acompañada de Erik, ante la atónita mirada de mis compañeros y la mirada de asombro de mi profesor. Me lleva hasta mi asiento y sale de clase. Corro hasta la puerta; dos o tres  compañeras intentan detenerme, pero me desasió de ellas y salgo al pasillo... Erik ya no está y no se si volveré a ver sus grandes ojos grises. Parpadeó para retener las lágrimas y me dirijo hacia mi asiento. Entre un velo de lágrimas, veo las miradas que me dirigen todos, como queriendo preguntarme pero sin llegar a hacerlo. Nadie me pregunta nada, ni siquiera el profesor y la verdad, lo agradezco.
Todo acaba siempre igual, como un día cualquiera...

la vida

Cuando la gente habla de la vida, la primera palabra que se le viene a la cabeza es "efímera".
Pero no, la vida no tiene porque ser eso, hay un montón de cosas buenas en la vida, solo hay que saber disfrutarlas. Lo de bueno lo digo porque hay gente que suele pensar: "si salgo a la calle me puede pasar eso", o... "tengo miedo de salir a la calle por si me pasa esto".
Pero, sin embargo y contra todo pronóstico, no es malo tener miedo. Lo malo es dejar que el miedo domine tu vida, porque entonces no tendrás vida... solo miedo.
Por ejemplo, piensa en toda esa gente que se enfurruña y esta de mal humor todo el día.
Piensa, solo por un momento, si valió la pena esconder tu sonrisa, algunos días, por tonterías sin importancia.

La mayoría de la gente cuando piensa en amigos la frase que se le viene a la cabeza es: "No hay problema, yo tengo muchos". Pues sí, puedes tener muchos, pero... ¿hay alguno que de verdad te comprenda?
Piensalo otra vez. "Un amigo es aquel que entra cuando todo el mundo ha salido".
Los amigos se cuentan con los dedos de una mano y, si son de verdad, puede que incluso te sobren dedos.

Yo pienso que hay vidas largas y vidas breves, pero todas son igual de importantes y todas deben tener un final.
Eso, para mí, es la vida.
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Esto está dedicado a mi "profe" de Matemáticas, que me enseñó a vivir la vida; y a mi madre, que me enseñó a crecer y a cuidar de mi misma.