lunes, 25 de julio de 2011

El temor en sus ojos

La primera vez después de mucho tiempo, le llamé por teléfono. No quería llamar al chico que me había destrozado el corazón, pero necesitaba decírselo. Necesitaba decirle que me marchaba, muy lejos, y que no le volvería a ver.
Respondió al segundo ring.
-¿Diga?
-Si... Hola, soy yo. Quería hablar con...
-Si, no te preocupes. Soy yo.
-Ah...
Pensé: "¿Cómo puedes ser tan estúpida? Díselo sin rodeos, antes de que te pongas nerviosa y sueltes alguna que otra estupidez por esa boquita".
-Emmm... respecto a esta llamada...
-¿Sí? -inquirió dubitativo.
-El caso es que no me vas a poder volver a ver porque me voy a vivir a otro país.
"Ya está" -pensé-. "Se lo has dicho. Ya no hay vuelta atrás".
-Em... ¿Que has dicho?
Casi pude escuchar el sonido de su corazón resquebrajándose.
-Lo que has oído. Y no me hagas volver a repetírtelo -inquirí, dirigiendo una mirada acusadora al móvil.
Escuché un hipido al otro lado del teléfono y, sin quererlo, visualizé mentalmente una imagen de él: su largo pelo oscuro, sus ojos verdes llenos de lágrimas... A mí también me resultaba duro, físicamente duro, separarme de él, aunque me esforzaba por no dejarlo traslucir, tenía un nudo en la garganta.
-Lo siento -dije, como para disculparme.
Pero él ya había colgado.

2 comentarios: