lunes, 25 de julio de 2011

relato ^^

La gente dice que soy rara. Me consideran rara. Pero esto tiene una explicación. Desde 4º de Primaria estuve sufriendo en silencio las constantes burlas e insultos de mis compañeros. Yo sé que la gente me tilda de bicho raro y, aunque no lo parezca, a mí no me da igual. Ahora estoy repitiendo 2º de la ESO, con la esperanza de que al cambiar de clase, cambiase de ambiente.

Pero, nada más poner un pie en esta clase; nada más presentarme, noto las miradas que me dirigen mis nuevos compañeros de clase, unas miradas que, aunque no me conozcan, sé que es lo que quieren decir.
"Bicho raro"
"Rara"; y otras cosas por el estilo.
Pero... ya paso de eso. Al menos así lo creía. Estuve protegiendo durante mucho tiempo mi corazón tras una alta muralla, aguantando, aguantando... hasta que ya no pude más. Mi corazón es frágil y sé que por muchas vueltas que dé la vida y por mucho que deje de recordar, siempre tendré una espina clavada en el corazón, una espina que ni el viento más fuerte podrá arrancar.

El temor en sus ojos

La primera vez después de mucho tiempo, le llamé por teléfono. No quería llamar al chico que me había destrozado el corazón, pero necesitaba decírselo. Necesitaba decirle que me marchaba, muy lejos, y que no le volvería a ver.
Respondió al segundo ring.
-¿Diga?
-Si... Hola, soy yo. Quería hablar con...
-Si, no te preocupes. Soy yo.
-Ah...
Pensé: "¿Cómo puedes ser tan estúpida? Díselo sin rodeos, antes de que te pongas nerviosa y sueltes alguna que otra estupidez por esa boquita".
-Emmm... respecto a esta llamada...
-¿Sí? -inquirió dubitativo.
-El caso es que no me vas a poder volver a ver porque me voy a vivir a otro país.
"Ya está" -pensé-. "Se lo has dicho. Ya no hay vuelta atrás".
-Em... ¿Que has dicho?
Casi pude escuchar el sonido de su corazón resquebrajándose.
-Lo que has oído. Y no me hagas volver a repetírtelo -inquirí, dirigiendo una mirada acusadora al móvil.
Escuché un hipido al otro lado del teléfono y, sin quererlo, visualizé mentalmente una imagen de él: su largo pelo oscuro, sus ojos verdes llenos de lágrimas... A mí también me resultaba duro, físicamente duro, separarme de él, aunque me esforzaba por no dejarlo traslucir, tenía un nudo en la garganta.
-Lo siento -dije, como para disculparme.
Pero él ya había colgado.