sábado, 18 de junio de 2011

Es otoño. Las hojas de los árboles caen, mecidos por una suave brisa invernal. Los niños juegan en la calle, y una muchacha, ajena a todo lo que ocurre, lee sentada en un banco; no lleva guantes y las manos se le han agarrotado del frío, pero no parece darse cuenta. A medida que va leyendo, los ojos se le llenan de lágrimas; cierra el libro de golpe y ahoga un grito mientras se levanta precipitadamente del banco. Le tiemblan las piernas, se le nubla la vista y lo único que es capaz de ver antes de perder el sentido son unos ojos castaños que la miran con ternura.

Cuando se despierta está en el regazo del misterioso chico de ojos castaños; varios curiosos se han acercado a ver, pero algunos se alejan cuando comprueban que la muchacha está bien; otros también se alejan, un tanto desconcertados ante la mirada que les dirige el chico.

La muchacha mira los ojos del chico y ve en ellos oscuridad… una oscuridad que le da escalofríos… Se obliga a apartar la mirada pero, de repente, cae en un profundo sopor…

Cuando abre los ojos, una oscuridad se adueña de su vista unos momentos… Asustada, mira en derredor y descubre, con sorpresa, que el muchacho no se encuentra allí y recuerda… solo recuerda…



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