sábado, 18 de junio de 2011

sola

Me encuentro sentada en mi pupitre, tranquila y serena, sin que nada me perturbe, aunque debajo de mi aparente calma, mi mente es un caos de confusos sentimientos.

La profesora me dice que salga a la pizarra a leer un poema. Salgo. Lo leo con serenidad; cuando acabo todos aplauden. Sonrío.

La busco con la mirada y la veo. Pero no aplaude.

En el fondo no esperaba que lo hiciera. Ya no. Una vez fuimos amigas, una vez.  Pero yo sufrí mucho por su causa. Y ahora… ahora es demasiado tarde. Intento decirle con la mirada todo lo que la hecho de menos y cuanto lo siento, pero, en el fondo de mi alma, se que nada va a cambiar entre nosotras.


Es otoño. Las hojas de los árboles caen, mecidos por una suave brisa invernal. Los niños juegan en la calle, y una muchacha, ajena a todo lo que ocurre, lee sentada en un banco; no lleva guantes y las manos se le han agarrotado del frío, pero no parece darse cuenta. A medida que va leyendo, los ojos se le llenan de lágrimas; cierra el libro de golpe y ahoga un grito mientras se levanta precipitadamente del banco. Le tiemblan las piernas, se le nubla la vista y lo único que es capaz de ver antes de perder el sentido son unos ojos castaños que la miran con ternura.

Cuando se despierta está en el regazo del misterioso chico de ojos castaños; varios curiosos se han acercado a ver, pero algunos se alejan cuando comprueban que la muchacha está bien; otros también se alejan, un tanto desconcertados ante la mirada que les dirige el chico.

La muchacha mira los ojos del chico y ve en ellos oscuridad… una oscuridad que le da escalofríos… Se obliga a apartar la mirada pero, de repente, cae en un profundo sopor…

Cuando abre los ojos, una oscuridad se adueña de su vista unos momentos… Asustada, mira en derredor y descubre, con sorpresa, que el muchacho no se encuentra allí y recuerda… solo recuerda…



En una noche de invierno, íbamos por la carretera y el coche se nos caló. Intentamos arrancarlo, sin éxito. Como estábamos muy cansados y hambrientos y, además, vimos unas luces a lo lejos, decidimos que sería buena idea descansar; ya reanudaríamos el viaje al día siguiente. Entramos a la casa, estaba todo silencioso, a excepción de la puerta, que chirrió extrañamente. Subimos a la segunda planta y nos extrañamos al encontrar todo en orden.

Íbamos a subir al ático cuando oímos un grito en la primera planta, un grito que nos heló la sangre en las venas. Fuimos a la cocina, que era de donde procedía el ruido. No encontramos nada anormal… hasta que miramos al suelo; una niña, de unos doce años, con una túnica blanca, el rostro pálido y… un puñal en el corazón. Ahogamos un sollozo y salimos corriendo de allí.
Fuera hace frío. Una muchacha está frente al papel en blanco, sin atreverse a escribir nada, por miedo a que las palabras no reflejen lo que siente su corazón.

Cuando por fin se decide a escribir, las lágrimas emborronan el papel, impidiéndole escribir lo que desea.

Después de un largo rato, siente una gélida presencia a su espalda y le hace volverse de inmediato; mirando los ojos del desconocido. Son azules como dagas de hielo, y él le sostiene la mirada, imperturbable; mientras la chica se estremece de puro terror. Cuando el chico se aleja, la muchacha mira de nuevo el papel y escribe… escribe hasta que rellena el papel cuando, de repente, la hoja sale volando por la ventana abierta. El tiempo parece detenerse un breve instante…

La chica sale a la calle, sin importarle el hecho de estar descalza; insensible a la nieve que cubre la calle, impidiéndole ver con nitidez la hoja, que ahora se ha posado, inerte, al pie de una farola…

Perdida

¿Te sientes perdida? ¿Evadida, sin rumbo, perdida entre la multitud?

Se muy bien como te sientes. No hace falta que me expliques nada. Con una mirada o gesto tuyo se como te sientes.



A veces es bueno salir de los límites de la realidad. Piénsalo. ¿No te gustaría que, con solo cerrar los ojos y luego abrirlos otra vez, esa realidad desapareciera y te encontrases de repente en un mundo nuevo? Piénsalo. Inténtalo. Creer que es posible.

Un mundo nuevo… Creado por ti y para ti en donde puede entrar quien quiera.

Yo ya tengo el mío, ahora te toca a ti.

Inténtalo. No es tan difícil.